Richard Wagner y el judaísmo en la música

En 1850 publicó en la revista Neue Zeitschrift für Musik bajo el seudónimo K. Freigedank (K. Librepensamiento) su ensayo El judaísmo en la música (Das Judentum in der Musik)[1], atacando a sus coetáneos (y rivales) judíos Felix Mendelssohn y Giacomo Meyerbeer (1791-1864), deploraba lo que consideraba “la judaización del arte modern”», además de acusar a los judíos de ser un elemento dañino y extraño en la cultura alemana, advirtiendo a los judíos, “que existe un solo medio de conjurar la maldición que pesa sobre ustedes: la redención de Ahasvero: el Exterminio”.

Como expone en El judaísmo en la música:

“Explicarnos a nosotros mismos la repelencia involuntaria que sentimos por la naturaleza y la personalidad de los judíos, a fin de reivindicar el instintivo disgusto que claramente reconocemos como más fuerte y más abrumador que nuestro celo consciente para librarnos del mismo”.

Adicionalmente Wagner sostiene que los judíos no son capaces de hablar lenguas europeas correctamente y que el discurso judío adopta el carácter de un «cotorreo intolerablemente confuso», como «chirridos, crujidos, zumbidos, lloriqueos», incapaces de expresar la verdadera pasión.4 Esto, afirma, les impide cualquier posibilidad de crear una canción poética o música.

“A pesar de las peculiaridades del modo de hablar y cantar judío afloran claramente en los judíos comunes, que se han mantenido fieles a las tradiciones de sus padres, y aunque los judíos educados luchan por deshacerse de ella, hay que decir que aún así (esas formas) siguen mostrando una obstinación impertinente en adherirse (a ellos)”


[1] Wagner sostenía la tesis de que «el judío [es] intrínsecamente incapaz de expresarse artísticamente a través de su apariencia exterior ni por su discurso y aún menos por su canto» y que, no obstante, aquel ha llegado en la música al dominio del gusto del público. Wagner afirmó que los alemanes se sentían repelidos por la apariencia y comportamiento de los judíos: «a pesar de todo lo que hemos dicho y escrito en favor de la emancipación de los judíos, siempre nos sentiremos repelidos instintivamente por cualquier contacto real y operativo con ellos». Argumentó que, debido a que no tendrían conexión con el espíritu alemán, los músicos judíos sólo podrían estar capacitados para producir música superficial y artificial. Por tanto, que componían música para conseguir popularidad y, por consiguiente, éxito financiero, en oposición a crear auténticas obras de arte.

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